El Yoga, reconocido en 2016 por UNESCO patrimonio de la Humanidad, es una práctica universal atribuida originalmente a la India (siendo una de las seis doctrinas ortodoxas) aunque existen evidencias de que también en nuestra propia tradición filosófica europea se han practicado métodos yógicos. 

La palabra es de origen Sánscrito que significa: dominio, unión, integración, conexión.

En un principio “conexión”, en el hatha yoga, significa recuperar salud, vitalidad y aumento de control y consciencia corporal. Progresivamente aprendemos a relacionarnos eficazmente con la respiración, con nuestro universo emocional y nuestras propias tendencias psicológicas. Así, superamos nuestras capacidades atleticas  al tiempo que comenzamos a vivir en mayor plenitud y armonía física y psicológica.

La práctica consciente de los distintos Asanas (posturas) de yoga y de las técnicas de respiración (pranayamas), nos ayuda a desarrollar un cuerpo equilibrado, fuerte, flexible, alineado en su postura, bello y saludable. Los asanas además son de gran eficacia preventiva, terapéutica y recuperativa del sistema muscular, digestivo, circulatorio, glandular y nervioso. Activan y potencian todo el organismo, favorecen las funciones inmunológicas del cuerpo, pacifican el ánimo y armonizan todas las funciones y energías psicosomáticas. Existe una gran cantidad de asanas: de pie, invertidas, sentadas, equilibrios, de fuerza, flexiones hacia delante extensiones hacia atras, torsiones… que realizados con la actitud y la observación adecuada, nos conducen mas allá de los evidentes resultados deportivos.

Mindfulness, es un tipo de meditación y técnica de yoga,  tiene su origen en la síntesis de prácticas meditativas orientadas hacia el desarrollo personal y el bienestar psicológico.  El mindfulness consiste en la práctica refinada de la atención y el desarrollo de la mente para superar armónicamente los condicionamientos del entorno y la reactividad psicológica de cada individuo. Numerosas investigaciones en neurociencia y psicología en las más prestigiosas universidades del mundo  llevan demostrando durante más de tres décadas que con la práctica de mindfulness mejoramos nuestra calidad de vida psíquica y emocional, frenando el stress, aportando sosiego, equilibrio de carácter, positividad, estabilidad, sensibilidad, voluntad, memoria, concentración, observación, claridad expresiva, empatía, generosidad, creatividad, empatía y autoconocimiento. Mindfulness también contribuye a mejorar la salud orgánica general. Esta técnica de desarrollo personal también se aplica con éxito en gran variedad de patologías psicofisiológicas, en entornos laborables de gran exigencia, programas educativos y psicología deportiva. 

Finalmente podemos añadir que la meditación nos abre las posibilidades de reconciliarnos en lo más profundo, de habitar el ser más básico y esencial que encontramos en amable comunión con lo que nos rodea. Meditar es una práctica esencial que nos equilibra de la sobredimensión de lo corporal, nos libera de la rigidez de nuestra estructura psíquica y cultural y de las distorsiones y sobrecargas características de la sociedad contemporánea. No se puede olvidar que durante milenios, la técnica meditativa de la contemplación, el acogimiento, la atención y el sosiego ha sido la vía fundamental para conectar con nuestra dimensión existencial.